Me fichan en Hyper Island

Me fichan en Hyper Island

El año pasado tuve la suerte de que me invitaran a hablar en el “Día C” del Club de Creativos, donde pude conocer a gente tan interesante como el director de Buried Rodrigo Cortés y Kike García y Xavi Puig de El Mundo Today.

Ahí escuché una ponencia de Christina Peyton de Hyper Island, una escuela de comunicación y marketing digital de origen sueco, con sedes en Manchester, Nueva York y Singapur, que me llamó la atención por su curiosa metodología:

Nuestra escuela no tiene profesores, ni libros de texto, ni clases, ni exámenes. Todo se aprende trabajando en proyectos reales, con clientes reales, y en equipo.

Christina contó que el 92% de los estudiantes reciben ofertas de trabajo antes de terminar los estudios, y más tarde leí que Fastcompany había citado Hyper Island como una de las 10 mejores escuelas del mundo para emprendedores.

Lo que más me interesó fue el elemento lúdico que incorporan en su metodología, un aspecto que se comprueba fácilmente en vídeos como éste:

En Hyper Island entienden que el trabajo en equipo, el trabajo creativo, el trabajo… en general, da muchos mejores resultados en un entorno positivo en el que se permite y se valora el juego como agente de distensión, motivación e inspiración.

Me encantó lo que ví, y así se lo comenté a Christina, la cual me puso en contacto con Amy Rae, diseñadora global de los Master Classes (cursos de tres días para ejecutivos), que organiza Hyper Island por todo el mundo. A Amy le encantó lo que le conté sobre mi trabajo con Humor Positivo (o Serious Fun en inglés) y me invitó a un primer Master Class en París.

 

El Hyper Island Master Class

Aluciné con casi todo: La profesionalidad de los dinamizadores del curso; el nivel de los asistentes (casi todos CEO’s y altos directivos agencias de marketing/comunicación); y desde luego la calidad y frecuencia de la pastelería (“Fika”, una tradición sueca muy recomendable) que nos sirvieron para elevar nuestro estado anímico.

La sesión comenzó cuando la dinamizadora de la sesión, Sarah Gregersen (formada en Kaos Pilots) recibió a todos con caramelos y música sueca y luego pidió a cada participante que contara al grupo su “pescado podrido” sobre las nuevas tecnologías (o sea, esos temores, dudas, prejuicios y miedos que todos tenemos sobre Twitter, los smartphone, etc…). Así descubrimos que hasta los CEO’s de empresas que venden servicios de comunicación digital están asustadísimos sobre la revolución de las redes sociales, esconden mucho escepticismo sobre Twitter, odian Facebook…

IMG_3531A partir de ahí salió a escena Mark Comerford, un tipo duro irlandés que ha trabajado en astilleros y conduciendo el metro de Estocolmo, y que ahora es periodista digital y lleva años ayudando a los activistas políticos en África a organizarse en red. Mark conoce bien la fuerza de las nuevas tecnologías: estuvo en la plaza de Tahir durante la revolución egipcia, organizando el servicio de ambulancias con móviles, GPS y motocicletas. H recibido algún que otro balazo, con lo cual no le intimida ni los títulos ni los egos de los altos directivos. Al subirse al escenario se quitó los zapatos y los calcetines para “estar más cómodo” y procedió a dejarnos boquiabiertos con un análisis sociológico incisivo, y lleno de tacos e improperios de trabajador de astillero, sobre el momento por el que atraviesa nuestra civilización, reventando por el camino varios tópicos sobre las nuevas tecnologías:

Olvídate de la economía digital, de estrategia digital… la palabra ‘digital’ sólo confunde. Reemplázala por la palabra ‘red’. Economía de red. Estrategia de red. La tecnología es lo de menos. La revolución en curso es una revolución social, sobre como nos relacionamos las personas…

¿Te parece que todo está cambiando a mucha velocidad? ¿Qué tus hijos controlan las nuevas tecnologías mejor que tú? Pues prepárate. Porque el ritmo del cambio nunca va a ser tan lento como ahora.

(Nota: omito los varios “fucking” que iba interacalando en su discurso)

Talleres Prácticos

Durante estos tres días intensos pero muy divertidos, en los que intervinieron también Amy Rae y Heather Lefevre, al menos la mitad se dedicó a talleres prácticos en los que los participantes tuvieron que inventarse, en pocos minutos, nuevas aplicaciones para smartphones, innovaciones tecnológicas que destruirían industrias enteras, o estrategias digitales para sus propias empresas. Al final de la Master Class todas las paredes estaban cubiertas de garabatos y palabras, como en una escuela de parbulitos. Nunca en toda mi vida había visto emplearse tanto post-it.

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Mucho, mucho post-it.

Mi contribución al curso fue una sesión sobre la importancia del humor y la diversión en el trabajo creativo, citando las prácticas de empresas punteras como Google y los estudios científicos de Alice Isen y otros psicólogos sobre las emociones positivas. De paso les enseñé algunos juegos para generar la chispa de la creatividad y moderé un taller en el que inventaron sus propias ideas para añadir un poco de diversión a su rutina cotidiana. Lo pasamos bomba.

En fin, toda una experiencia que, personalmente, me convenció de la importancia de las redes sociales (no tuve más remedio que abrirme una cuenta de Twitter), y que profesionalmente quise repetir cuanto antes. Afortunadamente los de Hyper Island estaban igualmente encantados conmigo, y desde entonces he participado en cursos en Londres, Nueva York y Florida –donde de paso pude visitar un cohete Saturn V y varias otras reliquias del programa Apolo en Cabo Cañaveral.

Durante 2013 seguiré colaborando con Hyper Island. Y me dedicaré un poco más a mi estrategia de red.